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Patio con mesa bajo sombrilla, plantas tropicales y la escalera azul a la azotea

Amargura 62, una casa con historia

Amargura 62 es una casa de arquitectura colonial en La Habana Vieja, con un patio en el centro y los apartamentos a su alrededor. No es un hotel: no hay recepción ni pasillos con moqueta. Hay una puerta azul, un patio con plantas y alguien de la casa que te espera.

Cómo la levantamos

Cuando llegamos, la casa estaba en ruinas.

Llevamos once años restaurándola, habitación por habitación, con la ayuda de artistas de La Habana, y siempre con la misma idea: conservar lo original y añadir solo lo que le sentaba bien.

Por eso cada apartamento es distinto. En uno, la pared se abre en grietas que dejan ver el ladrillo y dibujan ramas de árbol. En otro, el cabecero de la cama es una puerta pintada de cielo y nubes. En otro, el baño es una casita de ladrillo con tejado de madera. Lo que tienen en común es la casa: el mosaico hidráulico, el ladrillo visto, las puertas y contraventanas azules y los medios puntos de cristal de colores sobre las puertas.

Dormitorio con las grietas de ladrillo a la vista en la pared, cama de matrimonio y lámpara de vitral
Las grietas de El Balcón

El patio y la azotea

Patio entre plantas visto desde una mesa con sombrilla

El patio

El patio es el centro de todo: palmeras, plantas en macetas de barro, una pequeña fuente y mesas de hierro forjado bajo una sombrilla. Es donde se desayuna y donde, sin buscarlo, uno acaba conociendo a viajeros de otras partes del mundo.

Sillas de colores y mesa de ajedrez en la azotea

La azotea

Por la escalera de hierro forjado se sube a la azotea: mecedoras pintadas de colores, una mesa con tablero de ajedrez y los tejados de La Habana Vieja alrededor. Hay también una mesa grande de madera con sillas, entre palmeras y plantas en macetas, y al fondo una cúpula y torres de la ciudad vieja. El mejor momento es el final de la tarde.

Servicios

  • Desayunos

    Fruta, huevos, pan y zumo en el patio, preparados cada mañana con ingredientes frescos de aquí.

  • Traslados

    Te organizamos el traslado desde el aeropuerto y los viajes por Cuba, con un taxista de confianza.

  • Actividades

    Visitas guiadas, masajes y lo que te apetezca descubrir: te ayudamos a organizarlo.

  • En la casa

    Lavandería, minibar y tarjeta SIM.

Se piden desde el Portal Huésped.

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Opiniones
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Quiénes la cuidan

Somos Eugenio y Patricia. Nos gusta viajar, el arte, la fotografía y, sobre todo, restaurar casas. Esta es la que más nos ha enseñado.

Eduardo es la cara de la casa: te recibe, te ayuda con un taxi, un cambio de moneda o una recomendación, y está pendiente de que todo vaya bien. El desayuno se prepara cada mañana en el patio, como se ha hecho desde el principio. Y los vecinos, que llevan aquí toda la vida, cuidan las plantas y mantienen viva la casa. Cuando llegas, todos están pendientes de que estés a gusto, y cuando te vas, de que vuelvas.

Ellos también son Amargura 62.

El barrio

La calle Amargura es peatonal y tranquila, aunque está en pleno centro histórico, cerca de las cuatro plazas de La Habana Vieja, la parte de la ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad. Desde la puerta, la Plaza de San Francisco está a un minuto a pie; la Plaza Vieja, a tres; la Plaza de Armas, a siete; y la Plaza de la Catedral, a nueve. Muy cerca está también la Oficina del Historiador de la Ciudad, que ha restaurado buena parte de estas calles.

Todo se hace a pie: cafés, galerías, museos, música en la calle. Y al volver, la casa está en silencio.

¿Por qué «Amargura»?

La calle debe su nombre al Vía Crucis que la recorría en Cuaresma, como la calle de la Amargura de Jerusalén. Había una cruz de piedra en cada estación, y en la esquina con Mercaderes, al final de nuestra misma manzana, aún se conserva una: la Cruz Verde, que durante un tiempo dio nombre a la calle.

Cómo llegar

Logotipo de Amargura 62 en su versión nocturna

Nuestro logotipo es el medio punto de nuestra propia casa: la vidriera en abanico que corona las puertas de La Habana Vieja y que tenemos encima de las nuestras. Siete cuñas de vidrio nacen de un pequeño centro y se alternan, claro y color, como en nuestras ventanas. De noche, el mismo vitral se enciende en ámbar: la casa sigue despierta y te espera.

Es la ventana que verás sobre tu puerta.

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